Eldrin Imitola, el hombre que no se bajó de la lancha

Eldrin Imitola, héroe de Cereté, lideró rescates durante las inundaciones en Montería y Córdoba con su lancha Pescatore, ayudando a familias y animales sin descanso.

Feb 16, 2026 - 19:44
Eldrin Imitola, el hombre que no se bajó de la lancha
Eldrin Imitola transportando a la lancha Pescatore el héroe de Córdoba
Eldrin Imitola, el hombre que no se bajó de la lancha
Eldrin Imitola, el hombre que no se bajó de la lancha
Eldrin Imitola, el hombre que no se bajó de la lancha
Eldrin Imitola, el hombre que no se bajó de la lancha

En las madrugadas húmedas en que el río parecía no tener memoria de sus orillas, cuando el agua entró sin pedir permiso a las casas de tabla y cemento en Montería y se desbordó también sobre los corregimientos de Cereté, hubo un hombre que decidió no dormir.

Se llama Eldrin Imitola. Y en los días en que el departamento de Córdoba volvió a mirar de frente la furia del río Sinú, su nombre comenzó a repetirse como una contraseña de alivio: “Llame a Eldrin”, “Eldrin viene en la lancha”, “Eldrin no falla”.

Mientras muchos calculaban pérdidas, él calculaba rutas. Mientras otros contaban metros de agua, él contaba personas.


La lancha que no se detuvo

La llamó Pescatore, como si supiera que no solo iba a pescar bocachicos sino esperanzas. Una lancha sencilla, de fibra golpeada por los años, motor que tose antes de arrancar, y un timón que ya conoce de memoria las curvas del Sinú. En esos días dejó de ser embarcación y se convirtió en puente.

Eldrin no preguntaba de qué barrio era el llamado ni si había dinero para la gasolina. Cargaba niños en brazos, subía abuelos en silencio, recogía perros temblando, gatos metidos en costales, gallinas que todavía querían cantar. A todos les hacía espacio.

Hubo jornadas de 24 horas sin pausa. Café frío en un termo abollado. Una gorra empapada. El teléfono sonando con mensajes de auxilio. Cuando el combustible escaseó, organizó colectas. Cuando faltaron manos, las multiplicó: vecinos, amigos, jóvenes que nunca habían subido a una lancha terminaron aprendiendo a lanzar sogas y a cargar mercados.


El mapa invisible del dolor

Eldrin conoce los callejones que no aparecen en Google, las trochas donde el agua se estanca primero, las casas de madera donde vive la señora que no quiere abandonar sus santos. Sabe quién tiene un bebé recién nacido y quién no puede caminar sin ayuda. Ese mapa invisible fue su brújula.

Dicen que una noche regresó tres veces a la misma zona porque alguien aseguró haber escuchado ladridos. Encontró a dos perros subidos en un ropero flotante. Los subió a la Pescatore como si fueran pasajeros de primera clase. “Aquí nadie se queda”, repitió.

No hubo cámaras oficiales siguiéndolo. No hubo discursos. Solo el rumor constante del motor cortando el agua y una figura inclinada hacia adelante, desafiando la corriente.


Un oficio sin salario

De día coordinaba entregas de alimentos y colchonetas; de noche volvía al río. Se organizó con líderes comunitarios, tocó puertas de comerciantes, convenció a transportadores para mover ayudas. Nadie recuerda haberlo visto descansar.

Quienes lo conocen en Cereté dicen que siempre fue así: trabajador, humilde, de manos ásperas y sonrisa tímida. Que nunca necesitó uniforme para servir. Que lo suyo no es heroísmo de pose sino terquedad de conciencia.

Cuando las aguas comenzaron a bajar, Eldrin no habló de hazañas. Preguntó qué más faltaba. Techos. Medicinas. Útiles escolares. Limpieza. Reconstrucción. El desastre, para él, no termina cuando el agua retrocede; termina cuando la dignidad vuelve a entrar por la puerta.


El hombre que se quedó

En un país donde las tragedias suelen diluirse en titulares breves, Eldrin Imitola eligió quedarse en el barro, en el olor espeso de las casas inundadas, en el llanto silencioso de quienes lo perdieron todo. No pidió reconocimiento. No lo necesita.

Pero en Montería y en Cereté hay familias que, cuando escuchan el motor de una lancha, sienten algo parecido a la gratitud. Porque saben que, en medio del desbordamiento, hubo un hombre que decidió desbordarse también —de humanidad.

Y a veces, cuando el río vuelve a su cauce, lo único que queda flotando es la memoria de quienes no se bajaron de la lancha.